Demasiado ruido

Últimamente está la cosa como para ir opinando por ahí. Andamos todos muy enterados, muy indignados, muy cargados de razones y muy informados sobre todo y todos. Así, las cenas con amigos a los que ves dos veces al año acaban con conversaciones subidas de tono sobre política; los cafés se llenan de potenciales tertulianos anónimos que se rasgan las vestiduras con estos o con aquellos.

La política está en todas partes y nos invade cuando tenemos la guardia baja: en los grupos de whatsapp familiares, en las conversaciones de ascensor o en la peluquería. Ya no digamos en las redes sociales.

Esta sobresaturación, que en realidad no es más que desinformación por exceso de información sesgada, rápida, no contrastada, a golpe de tuit (ni siquiera de titular) ha generado una gran nube negra de ruido.

El ruido es cualquier interferencia que se produce en la comunicación y que impide que el mensaje llegue con claridad y, en Teoría de la Comunicación, estos son algunos de los tipos de ruidos más frecuentes: exceso de información o no dar la información clave, y distracción o falta de atención del receptor.

Digo más: en Teoría de la Comunicación también se estudia las actitudes que facilitan la generación de ruido. Algunas de ellas son la siguientes: ser demasiado negativo o crítico; no tener sentido del humor; hablar sin tener la información apropiada; alterar el tono de voz o hacer gestos agresivo o tener actitud burlona y de poco respeto.

En la era del infoentretenimiento, los informativos son un compendio de política en pequeñas e impactantes píldoras y truculentos sucesos.

Y aunque algunos griten y alcen la voz para que la Conversación, las Inquietudes y las Reflexiones versen sobre algo más que política-basura, se quedarán mudos antes de que alguien les escuche. Predican en el desierto, En el desierto del ruido.

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