Follow the leader

 

No todo el mundo vale para ser jefe. La delgada línea que separa el buenrollismo del cachondeo, o la bronca a tiempo de la desmotivación general de un equipo se puede traspasar muy fácilmente, y ya no hay vuelta atrás. Hay muchas cursos de liderazgo, y sin embargo yo opino que estar al frente de un equipo es un arte. O lo tienes, o no lo tienes, así de fácil

Tras pasar por televisiones, periódicos, gabinetes de comunicación y revistas varias, creo que ya tengo la experiencia suficiente para poder describir qué tipo de persona es un buen líder de un equipo, en este caso de periodistas, aunque puede aplicarse a cualquier trabajo. Bajo mi punto de vista un buen líder debe reunir estas características:

– Se cree su proyecto y transmite su ilusión no sólo durante las horas de trabajo, sino como algo integrado en su día a día

– Llega el primero, organiza el trabajo y se responsabiliza de los resultados

– Transmite optimismo

– Da las claves del día a día para que su equipo sepa exactamente qué hacer, pero luego deja libertad para que cada uno organice su parcela de trabajo

– No traslada sus problemas a su equipo

– Está en constante reciclaje profesional, es el primero en saber las novedades y quien aporta el valor añadido de la experiencia

– Por todos estos valores, y para quien lo sepa apreciar, es respetado por su equipo. Ni temido ni idealizado, simplemente respetado

No todo el mundo sirve para ser un buen jefe. Medir los tiempos, potenciar las fortalezas de cada miembro del equipo, limar asperezas e incluso poner las pilas a los demás cuando algo no ha salido bien no es fácil. Tampoco es tema menor lidiar cada día con esa especia de “fortaleza de la soledad” en la que sin darse uno cuenta se halla metido cuando está liderando un equipo. Y esa soledad se nota poco cuando en los buenos momentos, pero mucho en los malos. Y sin embargo hay personas que son capaces de hacerlo. No se enseña en ningún sitio, o tienes ese arte, o no lo tienes.

Por eso cuando das con uno de ellos no puedes más que admirar el talento de quien ha sido capaz de crear de la nada su empresa, de quien nunca quiere ser el foco de atención, de quien ha sido capaz de dar trabajo a un equipo de periodistas que por tamaño puede parecer pequeño, pero que en realidad es muy grande.

 

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