La experiencia de adentrarse en Kowalski

A Kowalski he ido ya varias veces y, de la primera a la última, y a pesar de todo lo que tienen expuesto, siempre me ha llamado la atención una cosa: la experiencia de adentrarse en Kowalski

 

De la tienda Kowalski podría decir muchas cosas. Podría hablar de sus paredes, repletas de lienzos pintados por sus dueños. Podría citar un sinfín de vinilos, acuarelas, lámparas, cuadros o esculturas que han tomado posiciones dentro del local. Podría contar la historia de su dueño que, tal y como leo, se doctoró en Ciencias Económicas y trabajó años en el ámbito bancario hasta que decidió dedicarse a su pasión, la pintura, y así fue como abrió este pequeño tesoro del barrio de Ruzafa. Todo esto puede ser curioso, inspirador incluso. Pero yo voy a hablar de otra cosa: de la experiencia de entrar en Kowalski.

Se nota que el alma de Kowalski, Marcos es una de esas personas que disfruta intercambiando opiniones y experiencias. Es desde luego un gran relaciones públicas -en el mejor de los sentidos de la(s) palabra(s)- esto es: carismático, cariñoso, sin ninguna prisa por despacharte de la tienda, sin querer vender nada que tú no quieras realmente llevarte. Se nota que se dedica a lo que le apasiona, que conoce al dedillo la intrahistoria de todos y cada uno de los objetos que atesora en su tienda. Se nota que ha leído, que sabe de música,  de pintura, y  supongo que de otras muchas cosas. Todo esto lo supongo, porque yo apenas lo conozco. Sin embargo en esta época en la que casi todo está automatizado, en la que entras a una gran superficie y ni siquiera te miran cuando te están cobrando, es un gustazo saber que hay sitios como Kowalski. Si todavía no has ido, te lo recomiendo. Apunta: Calle Denia, 20. Ruzafa. Valencia

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